El vuelo bovino: una realidad negada
de Andrea E. Gaddini
Profesor Titular de Buptería a la Vacademia Aeronáutica de Canaria
Profesor Titular de Vuelo Bovino y Ovino a la Universidad del Ayrshire
Profesor de Astrología Vacuna a la Cows, Bulls & Bullshit Academy de Cherry Pie
Rector de la Me,Myself and I School of Research de The Cat Is Under The Table

INTRODUCCIÓN
Oímos a menudo hablar de "vacas volantes" con escasísimo rigor científico, excediéndose con frecuencia en curandería. Nos parece oportuno puntualizar al argumento, para evitar que científicos poco serios puedan hacer afirmaciones infundadas y no demostradas, con caída de toda la disciplina en desprestigio. El estudio del vuelo de los bóvidos es seguramente difícil por la índole altanera de estos rumiantes, que no aman los inutiles exhibicionismos que caracterizan, por ejemplo, los aves, sino prefieren una actividad discreta de vuelo, principalmente con intención lúdica y trófica (alcance de las hojas más altas y más blandas de los árboles). De todas maneras las evidencias científicas sobre el vuelo bovino son muchas y detalladas y seran expuestas en las páginas siguientes.
Podemos comenzar definiendo la actividad de vuelo del ganado como buptería, desde el griego
boûV = buey y pterón = ala. Como se puede no considerar la coincidencia casi perfecta con la palabra buttero, el vaquero de la región toscana de la Marema. Este hecho nos da una clara indicación sobre cuales fueran en el pasado las verdaderas tareas del buttero: un controlador del tránsito aéreo más que un comun vaquero.

ESTRUCTURAS ANATÓMICAS Y FISIOLÓGICAS DEL VUELO BOVINO
La ausencia de alas en el ganado es de conocimiento común, por lo tanto se debe juzgar que la única explicación de este fenómeno sea la propulsión por reacción, por medio de la emisión fisiológica de metano, bióxido de carbono, escatol, indol y otros gases; el hecho que esta emisión ocurra de ambos orificios del cuerpo, situados en los extremos opuestos del cuerpo mismo, nos mostra que los vacunos tienen un control fino de la dirección y de la velocidad del vuelo, aunque si su vuelo es más ruidoso que el de los pájaros. Esto, de todos modos, no es perjudicial, puesto que los vacunos no tienen ningún predador volante y que faltan actividades predatorias del vacuno hacia otras especies.
La actividad del vuelo requiere modificaciones de los órganos de sentido, de manera que se asegure una orientación correcta durante las migraciones y la estabilidad del cuerpo durante el vuelo, mismo en situaciones críticas (planeos, picados, quiebros), que es de importancia básica, dada la escasa aerodinámica del animal. Es claro que los cuernos son los órganos designados a esta tarea, y de propósito se colocan sobre la cabeza, como los otros órganos de sentido, y se orientan hacia la dirección del vuelo; su importancia es confirmada por el hecho que las especies incapaces por el vuelo (caballos, burros, cerdos) no tienen cuernos, y es además demostrada por la práctica del descorne en las modernas explotaciones ganaderas, con el intento no tanto de prevenir que el ganadero o los otros vacunos sean heridos, si no de impedir la evasión en vuelo de animales que tienen a veces un alto valor.
Por otra parte, la secular sabiduría de los ganaderos nos da una indicación muy clara de su preocupación por las huídas vo
lantes de las vacas, por medio de dispositivos técnicos como la estabulación permanente, es decir el clasico sistema de ganadería que preve que las vacas sean atadas en establo, y el hecho que en los establos más viejos las ventanas sean muy estrechas, de modo que los vacunos no puedan pasar a través dellas.
Se debe subrayar que la mayor parte de parásitos del ganado (tábanos, moscas de establo, hypoderma) puede volar: ¿debemos suponer una adaptación de los parásitos al vuelo para seguir sus hospederos? ¿o pensar que los vacunos aprendieron volar para sutraerse a sus parásitos? Y de todos modos, ¿porque
un insecto necesitaría de alas para parasitar un hospedero fijado a la tierra?

ETNOLOGÍA BUPTERA
El diverso tamaño de los cuernos en las diversas razas es indicativo de la diferencia de habilidad en el vuelo entre ellas: el ganado de raza Maremmana (imagen 1) tiene cuernos particularmente anchos y (¡ mira qué casualidad!), es aquello tradicionalmente cuidado por los butteros, que, según lo visto previamente, eran al comienzo verdaderos hombres radar.
Otra raza vacuna con cuernos particularmente anchos es la escocesa "Highland" (
imagen 2), y se da apenas el caso de subrayar la significativa etimología del nombre: "high" o sea "alto", justo como el vuelo y "land" o sea "aterrizar", con el evidente significado de "vacuno que aterriza después de haber volado en alto".
También el nombre de la raza vacuna Ayrshire (imagen 3) recuerda más el nombre de una linea aérea que aquello de un rumiante, y como no notar que sea las Highlands, sea el Ayrshire se hallan en Escócia, y por lo tanto no lejos del lago Ness, donde se halla una realidad paranormal negada por la ciencia oficial? (véase: "lago Ness: una realidad negada" del mismo autor).
La diversidad de las capas nos da una indicación sobre los diversos costumbres de vuelo de las razas: las con capa berrenda en negro, como la Frisona (
imagen 4), y aún más las berrendas en rojo, como la Simmental (imagen 5), tienen evidentemente un color llamativo para evitar colisiones entre ellas durante el vuelo en formación, mientras las razas con capa oscura uniforme son aquellas con predominante vuelo nocturno, con propósito mimetico (imagen 6, raza Aberdeen Angus, otra raza escocesa: ¿solo una casualidad?). La raza de carne británica más difusa en el mundo se llama Hereford, y el nombre tiene una pronunciación casi igual a "airport", y el hecho que ahora ya sea predominante el tipo sin cuernos (polled), y por eso incapaz de levantar el vuelo, concorda con la capa berrenda en rojo, con campos bien distintos, típica de los vehículos asignados al servicio de tierra sobre las pistas de los aeropuertos (imagen 7).

HISTORIA DEL VUELO BOVINO
Las representaciones artísticas más antigas de ganado se encuentran en los grafitos paleolíticos en las paredes de la cueva de Altamira, con una bandada de vacunos en formación (imagen 8), las cuevas de Lascaux con un vacuno en aterrizaje (imagen 9), de la cueva de Tuc d'Audoubert, con dos vacunos en despegue (imagen 10), y en los grafitos rupestres en Val Camonica, con bandadas de ganado en vuelo (imagen 11). El asombroso nivel técnico de la representación artística, inconcebible para artistas del Paleolítico, es una firma de los verdaderos autores: reporteros intergalácticos aterrizados de astronaves extra-terrestres (véase: "Grafitos paleoliticos extra-terrestres: una realidad negada", del mismo autor) y nos da una indicación cronológica de unas de las incontables migraciones de los bóvidos en la historia. Todos saben que la origen de la especie bovina remonta al continente desaparecido de Mu (véase: "Mu: una realidad negada", del mismo autor), que debe claramente su nombre al mismo rumiante, que tenía probablemente un papel muy importante en la compleja estructura social de Mu. ¿Como habría podido el ganado evitar la destrucción del continente desaparecido en mar? (¿por explosión de los depósitos energéticos de excrementos? véase: "Propulsión de astronaves a estiércol: una realidad negada", del mismo autor) si no migrando en vuelo? ¿Y donde pudiera ser ido el ganado en migración si no en Mesopotamia, donde los Asirio-babilónicos veneraron al toro alado (imagen 12)?, para luego llegar al Egipto, donde se comienzó venerar al toro Apis (imagen 13), representado con un disco entre los cuernos, quizá una esquematización de un receptor radar (véase: "2001: una Odisea del Establo", del mismo autor).

¿Y como explicar la presencia en Italia de razas vacunas de origen India o Pakistaní (por ejemplo la raza Piamontesa, foto 22), si no con una larga migración? Y siendo la migración vía tierra prácticamente imposible por la enorme distancia que cubrir, ¿cual otra via, si no la migración en vuelo, habría podido conducir debajo de nuestros cielos estas razas originarias de continentes lejanos? Alguien objeta, según razón, que una migración habría podido pasar por medio de astronaves intergalácticas (véase: "Transhumancias estelares: una realidad negada", del mismo autor) o bien por teletransporto o psicokinesis, pero este hipótesis hasta hoy no es todavía demostrada cientificamente.
Llegando a la edad Romana, el grande Publio Virgilio Marón en las Bucólicas habla de ciervos que pastan en vuelo:

"Ante leves ergo pascentur in aethere cervi" (Bucólicas, Egloga I)

pero, siendo este vuelo por las alturas ("in aethere"), se puede pensar que el poeta de Mantua haya incurrido en un error de avistamiento, y que en realidad se tratara de ganado, o que se trate de una licencia poética (entre otras cosas un colega de Virgilio, Quinto Horacio Flaco vivia justo en Licenza, cerca de Roma: ¿apenas una coincidencia?). De todos modos las imponentes cornamentas de los ciervos pueden también dar crédito a la hipótesis que Virgilio tenía razon, y que los mamíferos que él avistó en vuelo eran en realidad ciervos (véase: "Eneas era extra-terrestre: una realidad negada", del mismo autor).
Saltando adelante uno
s siglos, el grande Galileo Galilei, durante sus observaciones astronómicas nocturnas en la ciudad de Pisa, habrá avistado seguramente unas vacas volantes, de la raza local "Mucca Nera Pisana" (foto 14), cuyo color mimético nos demostra su aptitud al vuelo nocturno. El hecho que el grande astrónomo y astrólogo no haya hablado de este tema en sus textos, nos da una medida de la importancia que el daba al vuelo bovino y de la certeza que divulgar este acontecimiento habría podido causar una reacción violenta de las jerarquías eclesiásticas y de la ciencia oficial del tiempo, ancladas a una visión de los vacunos como animales exclusivamente terrestres. Si recordamos al proceso y a la forzada abjuración de Galileo, ¿mo podríamos culpar su precaución? (véase: "Galileo: un genio mal conocido", del mismo autor). Podríamos sin embargo asumir que, dado el color mimético de estos vacunos, él haya podido faltar de divisarlos, o los haya confundidos con los renos de Papá Noel.
Llegando a tiempos más recientes, mencionamos a los experimentos de Galvani sobre la electricidad animal, que el grande científico fué constreñido a cumplir sobre ranas, después que la vaca que había comprado para el experimento voló lejos de la ventana, sutraendose a una investigación más cercana de las estructuras eléctricas implicadas con el vuelo.
Llegando a nuestros días, ¿sera quizá una coincidencia el hecho que los aeropuertos principales hayan sido construidos en las áreas con la densidad más alta de explotaciones de vacunos? ¿Los primeros constructores de aeropuertos eligieron quizá las áreas con las condiciones meteorológicas y orográficas más idóneas por el vuelo, las mismas eligidas por los vacunos en los siglos antecedentes?
(véase: "Aeropuerto de Malpensa: la maldición del druida", del mismo autor).
¿Y los numerosos desastres aéreos sobre cuyas causas nunca se pudo arrojar luz, no habran sido acaso provocados por colisiones entre aviones y vacunos? ¿Y las evidentes reticencias y coberturas de las autoridades y de la ciencia oficial no seran acaso debidos a la exigencia de ocultar las pruebas de una actvidad de vuelo vacuno que podría sacudir hasta los cimientos el establishment de la ciencia oficial, que niega con testarudez la existencia de una realidad apoyada por innumerables pruebas? (véase: "Torres Gemelas: terroristas del espacio exterior" del mismo autor). ¿Cómo explicar la presencia de excrementos vacunos en los pastos de montaña, hasta altitudes considerables, cuando no hay a la vista ningún ejemplar vacuno, si no como residuos de los pasos nocturnos en vuelo rasante de las manadas? Los montañeses no agradecen hablar de esto y, interpelados al respecto, se antrincheran detrás de refunfuños incomprensibles o niegan la evidencia, y esto hace sospechar que tengan miedo de retorsiones, hasta por obra de los vacunos mismos, que quieren mantener secretas sus actividades aéreas (véase: "La mafia bovina: una realidad negada", del mismo autor), o bien por obra de las cumbres militares que desde hace años emplean las en apariencia inocuas vacas en actividad de espionaje aéreo (véase: "Las Frisonas-espía: una realidad negada", del mismo autor). Con respecto de esto, no se puede negar la sorprendente analogía de construcción entre el borlón de la cola de los vacunos y los planos de cola del avion espía Stealth (imagen 15). En tema de aviones, un parcial y pasajero desenmascaramiento del vuelo vacuno fue intentado por Air France en los años '50 (imagen 15a).
Finalmente una reciente (junio 2011) puesta al día: Andrea PL, atento lector de esta página, nos informa de una enésima prueba del vuelo bovino: Ringo Starr, baterista de the Beatles, sabía. En su casa de Weybridge, cerca de Londres, el músico tenía de hecho un bar llamado "The Flying Cow" (la vaca volante). (*)
En conclusión es evidente que el vuelo vacuno pueda ser negado sólo por la culpable torpeza de la ciencia oficial y de la medicina tradicional, que son de todas maneras en posesión de un poder inontrolable, ya que consiguen monopolizar la información y ocultar hechos que parecen evidentes, según lo documentado por la asombrosa imagen sutraída desde los archivos de la NASA, que la había culpablemente ocultada (imagen 16), o como la secuencia del encuentro de kung fu volante hombre contra vaca, desde la película Kung Pow! Enter the Fist de Steve Oederkerk (foto 17), pasada como producto de efectos especiales digitales, mientras que es un mondo y lirondo documental. Pero a pesar de esto, nosotros no nos dejaremos intimidar y, por amor de la libertad, de la ciencia y del conoscimiento, seguiremos lacerando el velo de complicidad que cubre la verdad como un sudario (véase: "El Sudario de Turín es extra-terrestre: una realidad negada", del mismo autor), y pedimos que todos los testigos de estos acontecimientos no se oculten, sino griten en voz alta: "¡vi una vaca que volaba!". Somos seguros que este texto hará ruido y que los sacerdotes del racionalismo más obtuso seguiran negando que las vacas vuelen, como todavía niegan que los extra-terrestres circulen entre nosotros (imagen 18), que Elvis Presley esté vivo (imagen 19), que Paul McCartney se haya muerto (imagen 20) y que Enrique Iglesias sea la reincarnación de Ramses II (imagen 21): ¡a ellos vaya nuestra compasión!

(*) Christopher Porterfield, Pop Music: The Messengers. Time, 22/09/1967, pag. 171. (citado por June Skinner Sawyers, Read the Beatles. Penguin, 2006).

Me disculpo por cualquier error en la traducción española:
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Otras fotos exclusivas del autor:

22. Toro Piamontes después de aterrizar; 23. Vaca Marchigiana que vuela bajo; 24. bandada de novillas Frisonas se refocila después de un largo vuelo;
25. vacas Chianinas carretea antes de alzarse en vuelo. 26. vaca Chianina en picada hacia un pasto.

Otras versiones deste articulo en otros sitios (en italiano):

 

otras obras de incómoda divulgacción científica sobre los bovinos:

página puesta al día el: 10 junio 2011