La penitenciaría de Santo Stefano

La isla de Santo Stefano, en Italia, en el archipiélago de las islas Pontinas, ha sido por 170 años el asiento de una penitenciaría, que acogió a muchos presos, ilustres y oscuros, pero todos víctimas de condiciones durísimas de detención y a menudo de violencias, que levaron algunos de ellos a la muerte.
Las islas Pontinas tienen un origen volcánico, desde 18 de diciembre de 1934 pertenecen a la provincia de Latina (antes formaban parte de la provincia de Nápoles) y están partidas en dos municipios, él de Ponza, incluyendo la isla homónima con 3.107 habitantes en una superficie de 7,5 km² y las islas deshabitadas de Palmarola (1 km²), Zannone (0,9 km²) y Gavi (0,24 km²). El otro municipio del archipiélago es él de Ventotene, incluyendo la isla homónima (sitio web) con 708 habitantes en 1,25 km², y la isla deshabitada de Santo Stefano (0,29 km²).
La isla de Santo Stefano es la más al este del archipiélago, y tiene una circunferencia de 2 kilómetros, con diámetro este-oeste de 750 m, diámetro norte-sur de 500 m y altitud máxima de 68 m. Las costas son escarpadas, a excepción del lado noroeste, y se evidencian tres promontorios: cabo Falcone al norte, cabo Romanella al noroeste y cabo Spassaro al sudoeste. La vegetación es compuesta solamente por higueras, agaves y tunas.
La isla según Ptolomeo se llamaba Parténope, mientras que otros nombres de la edad romana eran Palmosa, Dommo Stephane y Borca, en la Edad Media Maldiventre ("dolor de estómago"), Bentilem y Betente, y el nombre actual podría ser debido a un monasterio dedicado a San Esteban. La isla fue colonizada muchas veces, pero al fin se quedó abandonada por causa de las incursiones de los piratas sarracenos, que la utilizaron como punto de partida por sus correrías. En el siglo XVIII el rey de Nápoles Fernando IV de Borbón decidió repoblar las Pontinas, incluido Santo Stefano, al inicio, en 1768, con doscientos presidiarios que tenían la tarea de construir las casas, y unas reclusas, con quienes tenían que formar hogares; después fueron asentadas en la isla unas familias de Torre del Greco (cerca de Nápoles) y pescadores de la isla de Ischia.
Las Pontinas eran utilizadas como lugar del confinamiento ya en la edad romana, y particularmente Ventotene (entonces nombrada Pandataria) acogió por cinco años Julia la Mayor, hija del emperador Augusto, enviada en el exilio por su padre en 2 adC, mientras que su madre Scribonia, aunque hubiera pedido seguir a su hija, no fue contentada. Más tarde la hija de Julia, Agripina la mayor, madre del futuro emperador Calígula, fue enviada por Tiberio en la isla, donde se dejó morir de hambre. Años después Octavia, esposa de Nerón, fue enviada en el exilio en 62, y poco después su mismo marido mandó matarla cuando tenía veinte años. Por fin Pandataria fue morada obligada de Flavia Domitilla, nieta del emperador Vespasiano y sobrina de los emperadores Tito y Domiciano, confinada ya que era cristiana y luego proclamada santa.

El Panopticon
El uso carcelario de Santo Stefano en cambio se remonta a la edad borbónica: Fernando IV hizo construir allí una penitenciaría, proyectada entre 1792 y 1793 por el arquitecto Francesco Carpi, discípulo de Vanvitelli, que también había planeado edificios públicos no carcelarios en la isla de Ventotene.
Según un texto de 1855, por Giuseppe Tricoli, el mismo Carpi más tarde habría sido recluido en Santo Stefano "por crimen político", o nada menos habría muerto allí, pero en el exhaustivo estudio de Amelia Pugliese (véase) se evidencia como en realidad en el período de su presumida detención Carpi estaba libre y realizaba su cargo de funcionario público. Los militares en servicio en Ponza, guiados por Luigi Verneau y por el mismo Francesco Carpi, adhirieron al gobierno republicano de Nápoles. Verneau, después del fracaso de la revolución libertaria antiborbónica en Nápoles, fue ahorcado en Ponza
.
La penitenciaría había sido proyectada según un modelo panóptico, que contemplaba una vigilancia visual total y constante de los presos, para alcanzar el "dominio de la mente sobre otra mente", como teorizado en el tratado "Panopticon", obra del filósofo inglés Jeremy Bentham (1748-1832).
La estructura circular se desarrollaba alrededor de un patio, y se inspiraba a los cercos del Infierno dantesco. En el patio se infligían las penas corporales, verdaderas torturas que, con finalidades de amonestación, ocurrían bajo los ojos de todos los presos, precisamente por causa de su forma circular
.
La penitenciaría fue inaugurado el 26 de septiembre de 1795 con los primeros 200 presos, que pronto se hicieron 600, el número previsto al máximo régimen, y luego 900, repartidos en 99 celdas todas iguales, cada una de las dimensiones de 4,50 x 2,20 m.
En la entrada de la penitenciaría Carpi hizo poner como admonición la frase latina: "Donec sancta Themis scelerum tot monstra catenis victa tenet, stat res, stat tibi tuta domus" es decir: hasta que la santa Temis (personificación de la justicia por los antiguos griegos) tendrá encadenados así muchos monstruos, el estado y tu casa estarán en seguridad.

Las "Ricordanze" de Settembrini
Además de los muchos presos políticos y comunes, en Santo Stefano fue encarcelado también Luigi Settembrini (1813-1876), patriota y escritor que fue encerrado allá en 1851, con una condena a cadena perpetua, convertida en exilio en 1859, en vísperas del derrumbamiento del dominio borbónico. Settembrini en su obra "Ricordanze della mia vita" ("Recuerdos de mi vida") así describe la isla: "con dificultad se puede desembarcar allí, y solo en botes pequeños, porque está rodeada por rocas por todas partes, y el angosto estrecho que la separa de Ventotene siempre está revuelto y ruidoso. Está castigada por todos los vientos, que llevan allí en el mismo día la dureza, la tibieza y el calor de todas las estaciones". Settembrini luego describe la penitenciaría: "Vamos a entrar en esta tumba donde están enterrados unos ochocientos hombres vivos: veremos dolores que el mundo no conoce y nunca puede imaginar: veremos hombres convertidos en bestias. que cayeron en el último fondo de la abyección humana: y de este abismo de dolor y crímenes levantaremos nuestros ojos y nuestra voz a Dios para consolar a los que sufren y aconsejar a quienes los hacen sufrir".
Y entonces: "Quienquiera que se acerque a Santo Stefano llegando desde el mar ve la penitenciaría sobrepasar en lo alto de la colina, parecendo por su forma casi circular una gigantesca rueda de queso colocada sobre la hierba. El gran muro exterior, pintado de blanco y sin ventanas, está uniformemente salpicado de motas negras, que son agujeros en forma de aspilleras muy angostas, que sólo permiten al aire de pasar. Para desembarcar en la isla se tiene que saltar en una roca resbaladiza cubierta de algas marinas. Comenzando a ascender por un sendero empinado y áspero, en primer lugar se encuentra una amplia cueva, que el superintendente de la penitenciaría utiliza para almacenar los avituallamientos; luego, al subir se puede ver la ladera cultivada laboriosamente".

Settembrini agrega: "Imagina ver un amplisimo teatro descubierto, pintado en amarillo, con tres filas de palcos formados por arcos, que son los tres pisos de las celdas de los condenados; imagina que en aquel lugar del escenario haya un gran muro, como un telón inmenso, delante del cual se halla una pequeña explanada cerrada por la empalizada y por el foso; que en el medio del muro por arriba esté una galería cubierta, que comunica con el edificio exterior, en el cual está una centinela mirando y dominando alrededor este teatro; y más para arriba en este gran telón de muro hay muchas aspilleras en cada punto. Así tendrás la idea de este amplo edificio, cuya forma es más ancha que un semi-círculo, con un extenso patio en su centro, y en el medio del patio se erige una pequeña iglesia de forma hexagonal, cerrada alrededor por cristales. El patio está enlosado con guijarros, hay dos bocas de cisternas, y tres bases de piedra, con hierros que aguantan farolas. El adoquinado y las cisternas se han hecho desde hace pocos años: antes en el patio había ortigas y fosos, adonde los presos iban a beber, y a menudo contendían con sus cuchillos para refrescarse en esas fétidos charcos".

Athos Lisa
El dirigente comunista Athos Lisa, detenido en Santo Stefano, así describió la penitenciaría: "El interior de la cárcel me pareció frío, grave como una piedra tumbal ... Mi pensamiento corrió a los anfiteatros romanos y a su historia, ya que el infierno, en la cárcel, tiene la forma de un anfiteatro. Las celdas se desarrollaban a lo largo de una circunferencia de la cual no fue posible para mí medir la dimensión. Habían celdas en la planta baja y otras en el primer plano. Un balcón corrido completamente a cielo abierto se desarrollaba en toda la circunferencia facilitando la vigilancia diurna y nocturna ... En el medio, sobrealzada del suelo, dominaba la iglesia, rodeada por un terraza desde la cual se podían custodiar a los presidiarios durante la recreación. A los pies de la iglesia, los pequeños patios por el así llamado paseo. Todo esto formaba una especie de complejo monumental: a la cumbre surgía la iglesia con paredes de vidrio para permitir a los presos "asistir" a la misa sin salir de las celdas; alrededor de la iglesia había un balcón corrido por la vigilancia, y más debajo los pequeños patios que formaban una corona circular."

Presos ilustres
En Santo Stefano fue encarcelado y matado el anarquista Gaetano Bresci de Prato, cerca de Florencia (véase mi página sobre él), condenado a cadena perpetua por el asesinado del rey Humberto I , pero masacrado el 22 de mayo de 1901, pocos meses después de su transferencia en la penitenciaría de la isla.
Otra víctima de Santo Stefano fue el joven militante comunista Rocco Pugliese (véase mi página sobre él), que murió el 17 de octubre de 1930, asesinado por los carceleros, incluso si, según la versión oficial, fue sofocado por la comida o, según otra versión, aún menos creíble, se suicidó.
Otro preso ilustre fue Silvio Spaventa y también el bandido calabrés Giuseppe Musolino y el bandido lucano Carmine Crocco fueron encerrados en Santo Stefano.
El régimen fascista utilizó Santo Stefano como lugar de detención para los opositores políticos: entre ellos, además del ya mencionado Rocco Pugliese, hubo Sandro Pertini, futuro presidente de la República entre 1978 y 1985. Además fueron encerrados en la isla los líderes comunistas Umberto Terracini, Mauro Scoccimarro, Athos Lisa, y el socialista Giuseppe Romita (más tarde ministro de la República), el bandido anarquista Sante Pollastro y Guido Sola, joven comunista de Biella, entonces mandado a morir en el sanatorio de Pianosa.
Incluso Ponza y Ventotene fueron lugares de detención y confinamiento por los antifascistas, y el nombre de la segunda isla es aún hoy famoso por el Manifiesto de Ventotene, redactado en 1941 por Altiero Spinelli y Ernesto Rossi, confinados en la isla, que se considera el documento de base de la futura Unión Europea.
Otros antifascistas recluidos en las Pontinas fueron los comunistas Giorgio Amendola, Luigi Longo, Walter Audisio, Pietro Secchia, Camilla Ravera, Giuseppe Di Vittorio, Giovanni Roveda y Eugenio Curiel, el líder del Partido de acción Riccardo Bauer y el socialista Lelio Basso.

Las sevicias
Las penitenciarías de la época fascista eran el teatro de sevicias y vejaciones infligidas a los presos, que a menudo se acababan con la muerte de las víctimas, enteramente a merced de la brutalidad de sus carceleros, seguros de su absoluta impunidad. A menudo los restos mortales se hacían desaparecer o se enterraban de una manera anónima y generalmente sus familias nada menos no se advisaban.
Una de las sevicias más comunes en caso de protestas o de insubordinación era el llamado "Sant'Antonio", con un término derivado de la jerga de los camorristas: consistía en irrumpir de sorpresa en la celda, cubrir a la víctima con una manta, y luego golpearla duramente con patadas, puños, bastonazos o con las gruesas llaves de las celdas. La manta servía para no hacer reconocer los agresores, para sofocar los gritos de las víctimas y para impedirles reaccionar, y también para no dejar en el cuerpo de la víctimas de las palizas unas marcas, que pudieran demostrar la agresión. Según el anarquista ligur Giuseppe Mariani, antes encarcelado en Santo Stefano, en la penitenciaría durante las palizas no se utilizaba la manta, puesto que los carceleros, estando seguros de su impunidad, no creían necesitar cualquier precaución.
Rocco Pugliese se murió en Santo Stefano, estrangulado o matado a palos por los carceleros; la paliza que causó su muerte es así descrito por Francesco Spezzano "después de echarle una manta en la cabeza (...) lo mataron a palos" y más adelante "sus gritos desesperados fueron oídos para rato por sus compañeros de encarcelamiento (...) que, cerrados en sus celdas, no pudieron hacer nada para ayudarle".
La muerte de los presos durante las palizas es en cambio así descrito por Sandro Pertini, que fue encarcelado en Santo Stefano desde 1929 hasta 1930, que en un discurso del 19 de noviembre de 1947, diputado de la Asamblea Constituyente, recordó: " ... hablo por experiencia personal (...) . En la cárcel, honorable Ministro, se hace esto: se pega un preso; por los golpes el preso se muere, y entonces todos se preocupan, y no se preocupan sólo los carceleros que pegaron al preso, sino también el director, el médico, el capellán y todos los que forman parte del personal de a cárcel. Y entonces hacen esto: desnudan al preso, lo colgan a la reja y lo hacen descubrir así colgado. Entonces llega el doctor y hace el parte médico de muerte por suicidio. Esta fue la muerte de Bresci. Bresci fue golpeado a muerte, entonces colgaron su cadáver a la reja de su celda de Santo Stefano, donde yo me quedé un año y medio".
Ugoberto Alfassio Grimaldi, citando testimonios de presos políticos, escribe de Bresci: "... ese 22 de mayo los tres guardias le hicieron el "Santantonio": o sea cubrir a alguien con mantas y sábanas y después apalearlo a muerte; su cadáver había sido enterrado, en un lugar quedado sin huella en los archivos de Santo Stefano, por dos penados enviados adrede allí de otra cárcel, y después enviados inmediatamente atrás; el comandante de la penitenciaría había sido promovido y los tres presos habían sido recompensados ".
En la misma obra se recuerda que los asesinatos de presos políticos en las cárceles fascistas no eran casos aislados, según lo atestiguado por los ejemplos de Gastone Sozzi en la cárcel de Perugia y de Romolo Tranquilli, el hermano del escritor Ignazio Silone, en la cárcel de Procida. La edición clandestina del órgano del partido comunista l'Unità del 1
ro de enero de 1929 refiere los nombres de los presos comunistas fallecidos o de todos modos sufriendo en las cárceles fascistas. También Adriano Ossicini describe la aplicación del Santantonio en la cárcel deRegina Coeli en Roma, durante la dictadura fascista.

Entre octubre de 1860 y enero de 1861 Santo Stefano fue el asiento de la llamada república de Santo Stefano, una especie de estado autogestionado puesto en pie con una rebelión por un grupo de algunos centenares de camorristas (mafiosos de Nápoles) encarcelados, afiliados al clan Bella Società Riformata. La rebelión había sido favorecida por la partida de la guarnición borbónica acuartelada en la cárcel, que tuvo que acudir en auxilio de la ciudad de Capua, sitiada por las tropas de Garibaldi.
Los camorristas se dieron reglas muy estrictas, previendo la pena de muerte no solo por el asesinato, sino también por hurtos o agresiones a los carceleros. La república se acabó después de tres meses de su nacimiento por el desembarco de los marineros del Reino de Italia y por la consiguiente rendición, sin derramamiento de sangre, de los amotinados. El proceso subsecuente, en 1866 solo vio ligeras condenas y muchas absoluciones por los rebeldes.
La penitenciaría fue cerrada definitivamente el 2 de febrero de 1965, y en 1981 en el portal de acceso ha sido puesta una lápida para conmemorar el encarcelamiento de Sandro Pertini y de los presos políticos recluidos en Santo Stefano en sus 170 años de "actividad".

El motín de 1943
Del 14 al 18 de noviembre de 1943, Santo Stefano fue el escenario de otro motín, desatado por el miedo de la muerte por hambre y sed, debido a la situación de abandono de la isla después del armisticio del 8 de septiembre.
A partir de julio de 1943, Santo Stefano y sus huéspedes se encontraron en efecto en una situación aún más precaria de lo habitual, por la interrupción, en un primer momento parcial, y luego total, de los abastecimientos, compartida con Ventotene y sus habitantes y confinados.
El 23 de julio de 1943, una escuadrilla aérea aliada, tal vez de cuatro aviones cuatrimotores estadounidenses, había lanzado al mar unas bombas de tamaño mediano, una de las cuales alcanzó la penitenciaría, causando un herido.
El 24 de julio de 1943, un avión bimotor británico Beaufighter torpedeó y hundió el barco de vapor Santa Lucia, que conectaba Nápoles con las islas Pontinas, incluido Santo Stefano, que era la única fuente de abastecimiento para la penitenciaría, causando 65 víctimas.
Después del armisticio del 8 de septiembre, los aliados liberaron a los 49 presos políticos, pero los 248 prisioneros comunes quedaron en la penitenciaría, y se encontraron abandonados por el resto del mundo y sin recursos, custodiados por solo 39 carceleros.
Las provisiones alimentarias se hallaban agotadas y por el agua sólo podían confiar en el agua pluvial, faltando cualquier manantial en la isla. Se sacrificaron todos los animales quedados, y se redujeron las raciones de alimentos, pero sin embargo los huéspedes de Santo Stefano llegaron al borde de la muerte por inanición.
La única vía de escape que apareció a los presos fue la evasión. La revuelta no fue entonces el resultado de una larga preparación, sino un acto desesperado para no morir de hambre y sed.
Así que el 14 de noviembre estalló el motín, desencadenado por seis presos, entre ellos Sante Pollastro y Giuseppe Mariani, que no había sido liberado por los aliados siendo condenado por un crimen común, el atentado de 1921 en el teatro Diana en Milán, que causó la muerte de 21 personas.
Los revoltosos tomaron como rehenes a los carceleros, cogidos por sorpresa, aun si reaccionaron matando a uno de los presos, Giuseppe Ligregni. Más tarde también fueron tomados como rehenes el director De Paolis y los civiles, entre ellos las familias del personal. Durante la revuelta se quemaron el archivo administrativo y los registros de la prisión.
No contando con barcos para alejarse en masa, unos rebeldes se dirigieron con un grupo de rehenes hacia Ventotene, con el barco de un abastecedor, que había desembarcado en Santo Stefano y también había sido tomado como réhen. La intención fuera de negociar el abastecimiento de una embarcación que llevar en Santo Stefano para embarcar a los rebeldes y llevarlos en otro lugar. La isla de Procida es claramente visible desde Santo Stefano y la costa tirrena de la península no está muy lejos.
De hecho, en Ventotene, los carabineros y luego los soldados británicos tomaron el control de la situación, arrestaron a Mariani y lo enviaron a Santo Stefano para comunicar a los rebeldes el orden de rendición, bajo la pena del bombardeo de la isla. A pesar de la fuerte resistencia de Pollastro, al final los prisioneros se rindieron, gracias también a la persuasión de Mariani.

Hoy en día
Santo Stefano está abandonado desde el cierre de la prisión en 1965. Esto llevó a una degradación progresiva de los edificios, debido a la acción de agentes atmosféricos y actos de vandalismo y saqueo a lo largo de más de cincuenta años, a menudo causados por tontos buscando recuerdos.
Dada la enorme importancia histórica y arquitectónica del sitio, a lo largo de los años se promovieron varias propuestas de restauración y reutilización, así como proyectos de reconversión turística y hotelera.
Afortunadamente, estos últimos son actualmente impracticables, ya que la isla, incluida la prisión, está vinculada como Bien de Interés Cultural y es parte de una Reserva Natural Estatal, y incluso el arribo está prohibido en más de la mitad de la costa.
El complejo de edificios de la prisión es propiedad del Estado, mientras que el resto de la isla es propiedad de un ciudadano privado. Un obstáculo común a todos los tipos de proyectos es la falta de lugares de arribo, lo que dificulta el desembarque de las personas, y hace la descarga de mercancías casi imposible.
En septiembre de 2018, se quedan congelados 70 millones de euros, incluidos fondos europeos, destinados en 2016 por el gobierno de la época, para la transformación de la prisión en un centro para estudios de alta política.
En septiembre de 2018, la isla se abrió a visitas guiadas, realizadas por Salvatore Schiano di Colella, un profundo y apasionado conocedor del sitio, pero las visitas terminaron el 30 de septiembre, y no hay indicios de que puedan reanudarse.
Para cualquier información sobre la posible reapertura del sitio, pueden intentar comunicarse con:
- el Museo Storico Archeologico di Ventotene (Museo Arqueológico de Ventotene) teléfono +39.0771.85345 (durante el horario de apertura, variable, se necesita verificar).
o alternativamente
- el municipio de Ventotene, en las siguientes direcciones:
Correo regular: Comune di Ventotene Piazza Castello, 1 - 04020 Ventotene (LT) - Italia
Teléfono: +39.0771.85014
Fax: +39.0771.85265
PEC (Correo electronico certificado, sólo en Italia)::protocollo@pec.comune.ventotene.lt.it
Sitio Web: http://www.comune.ventotene.lt.it/hh/index.php.

Mis fotos de Santo Stefano (28 septiembre 2018)
Pueden usar estas fotos, siempre que citen la fuente


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El texto de "Ricordanze della mia vita" de L. Settembrini: http://www.intratext.com/IXT/ITA2618/_PU.HTM
Isola di Santo Stefano - I. Pontine (LT) - Ex carcere di "Stato"
https://www.nauticareport.it/dettnews.php?idx=18&pg=4344

SITIOS WEB no más activos o no más alcanzables (al 21 de noviembre de 2018):
http://dwardmac.pitzer.edu/Anarchist_Archives/goldman/
Marcello Botarelli, fotógrafo
http://www.marcellobotarelli.it/santostefano/index.html
Le due città (Las dos ciudades), revista de la administración carcelaria n. 5 Año VIII mayo 2007
http://www.leduecitta.com/articolo.asp?idart=1971;

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