Gaetano Bresci

El domingo 29 de julio de 1900, a las 10:30 de la tarde, el anarquista de Prato (cerca de Florencia, Italia) Gaetano Bresci mató al rey de Italia Humberto I con cuatro disparos de revólver mientras se desplazaba en su carroza abierta hacia la Villa Reale de Monza, cerca de Milán. donde pasaba su veraneo. Tenía Humberto 56 años cuando falleció y fuera rey desde veinte y dos años, desde el 9 de enero de 1878. Menos que un año después Gaetano Bresci fue "suicidado" en la penitenciaría de la isla de Santo Stefano.

Primeros años
Gaetano Bresci,
último de cuatro hijos de Maddalena Godi y Gaspare, campesino, propietario de una pequeña finca, había nacido en Coiano, localidad de la municipalidad de Prato, el 10 noviembre 1869, un día antes del hijo de Humberto I, que llegó a ser rey a la muerte de su padre con el nombre de Victor Manuel III. Según Rivista Anarchica (1971) en realidad Bresci había nacido el mismo día de Victor Manuel, pero después del regicidio su fecha de nacimiento había sido alterada, para evitar la coincidencia. Petacco sostiene la misma tesis y escribe que la fecha originaria todavía se puede deducir desde los registros municipales de Prato.
En Prato, a la edad de once años, el joven Gaetano fue contratado por una fábrica como aprendiz, trabajando catorce o quince horas al día, como él mismo declaró en el juicio
(Zucca). Los domingos iba a la escuela municipal de artes y profesiones textiles y tintoreras en Prato, convirtiéndose en decorador de seda, y con apenas quince años de edad se volvió obrero especializado. Trabajó como tejedor en el "Fabbricone" ("la gran fábrica") en Coiano di Prato, establecido en 1888 por la empresa alemana Kössler, Mayer y C., a la Vannini de Florencia y en Compiobbi. Gaetano comenzó a frecuentar las asociaciones anarquistas de Prato, y en diciembre de 1892, a la edad de 23 años, tomó parte a la primera huelga, que luego fue reprimida por la ocupación militar de la fábrica, tras la cual Bresci renunció. Luego, mantuvo la policía un expediente sobre él como "anarquista peligroso", y fue sentenciado el 27 de diciembre de 1892 por el magistrado de Prato por "desacato y negativa a obedecer a la fuerza pública" a una multa de 20 liras y 15 días de prisión, más tarde remitidos. Fue declarado culpable por defender con vehemencia, a las 10 de la tarde del 2 de octubre de 1892, un carnicero que la policía municipal quería multar (Galzerano, pág. 115). Según otras fuentes, en cambio, era un panadero que mantenía la tienda abierta después de la hora de cierre (Marzi). Según el informe producido por la policía, parece que Bresci había dicho a los policias: «Sería mejor si se fueren por su camino, dejando en paz a este pobre trabajador. ¿No eran ustedes trabajadores? Pero claro, ¡ahora ya no lo son! Ahora ustedes son los servidores de los explotadores. ¡Son una banda de espías y vagabundos!». Bresci se habría negado a declarar sus datos personales, pero al día siguiente fue denunciado junto con sus compañeros Augusto Nardini, Altavante Beccani y Antonio Fiorelli (Zucca).
Fue detenido nuevamente, "por medidas de seguridad pública", en 1893 y 1895, y asignado durante más de un año al confinamiento en Lampedusa junto con otros 52 anarquistas de Prato, en aplicación de las leyes represivas emitidas por Francesco Crispi. Fue liberado, junto con sus compañeros, en mayo de 1896, gracias a una amnistía otorgada por la derrota del 1
er de marzo de 1896 en la batalla de Adua, en la guerra ítalo-etíope. En los años siguientes le fue difícil ser contratado por sus antecedentes penales, y con frecuencia cambió de empleo, aunque uno de sus empleadores declaró en el juicio: "Honestamente, debo admitir que tuve pocos obreros como él". Después de haber buscado en vano un trabajo en Prato, se mudó a Ponte all'Ania, una fracción de la aldea de Barga en la alta Lucchesía, la llanura de Lucca, donde en 1896 fue contratado por la fabrica textil de la empresa "Michele Tisi & C."
En Ponte all'Ania parece que a menudo iba a las orillas del arroyo Ania para disparar a las piedras, demostrando que tenía un excelente puntería. En el verano de 1897 tuvo un hijo de María, una obrera de la fabrica, y a principios de otoño regresó a Coiano para pedir prestadas treinta liras a su hermano, para contribuir a los gastos del bebé (el llamado "baliatico"). Luego regresó a Ponte all'Ania por unas semanas; a fines de octubre renunció a la empresa Tisi, luego regresó a Coiano, donde anunció que iría a los Estados Unidos.
A pesar de ser autodidacta, Bresci siempre mostró un excelente nivel cultural y una multiplicidad de intereses, más allá de la política. El médico de la prisión de Santo Stefano, Francesco Russolillo, dijo que sus ojos "ocultaban llamas y abismos" y que Bresci "tenía una cultura y un alma que, si no habrían sido convertidos al mal por una obra de destrucción moral, hubieran hecho de él, el mejor de los obreros inteligentes"
(Galzerano, pág. 803).

En los Estados Unidos
Bresci partió de Génova con el vapor "Colombo" el 18 de enero de 1897, desembarcando el 29 de enero en Nueva York, donde fue alojado por su compañero Gino Magnolfi. Tan pronto como llegó, encontró un trabajo en la fábrica de seda de la empresa Givernaud & Co. de West Hoboken (actualmente Union City), en Nueva Jersey, donde permaneció unos tres años, luego se mudó a la fábrica de seda Hamil and Booth Co. de Paterson, también en Nueva Jersey, a unos 20 km de West Hoboken, y luego a la Emelburg. Permanecía Gaetano en Paterson toda la semana, y regresaba los sábados en West Hoboken, donde había mantenido su hogar, en 263, Clinton Avenue, y donde en agosto de 1898 vino a vivir con él su novia Sophie Knieland (o quizás Neill), de origen irlandés, conocida en abril. Según una declaración de Sophie después del regicidio, ella y Gaetano se habían casado ante un juez de paz. Gaetano y Sophie tuvieron dos hijas, la mayor, nacida el 8 de enero de 1899, se llamaba Maddalena (Madeline), como su abuela paterna, que había fallecido en 1891, y la menor, Muriel, también apodada de Gaetanina, nació después del atentado, el 28 de septiembre de 1900.
Era Paterson una ciudad de inmigrantes, con una fuerte presencia italiana, y un importante centro anarquista en los Estados Unidos, donde Bresci encontró muchos compañeros de lucha que había conocido en Italia. Según el New York Times del 18 de diciembre de 1898, dos mil quinientos de cada diez mil italianos residentes en Paterson, se declararon anarquistas
(Petacco) Se inscribió Bresci, una semana después de su llegada, en la Sociedad por el Derecho a la Existencia; y un mes después compró diez acciones de un dólar de la editorial "Era nuova". Colaboró Bresci con el periódico "La questione sociale", durante un período dirigido por Errico Malatesta, llegado en Paterson en agosto de 1899, procedente de Londres, vía Túnez, donde se había dirigido después de escapar del confinamiento de Lampedusa, en la noche entre 29 y 30 de abril 1899.
Bresci participaba regularmente en las reuniones, incluso si no hablaba con frecuencia, y cuando lo hacía, hablaba con calma y sin levantar la voz. A menudo comenzaba con la premisa "una pequeña observación", que se convirtió en una especie de apodo con el que fuera llamado.
En Paterson Malatesta, partidario de la tendencia colectivista, tuvo discusiones con el anarquista individualista Giuseppe Ciancabilla de Roma, director del otro periódico anarquista de la ciudad, "L'Aurora", y que hasta 1897 fue un socialista, colaborador del diario del Partido Socialista "Avanti!". El 12 de noviembre de 1899 en el Tivola and Zucca's Saloon, en la Central Avenue de West-Hoboken, los dos anarquistas se enfrentaron en una acalorada disputa, durante la cual Bresci habría salvado la vida de Malatesta, arrancando el revólver de las manos del barbero anarquista Domenico Pazzaglia, que había atacado Malatesta, hiriéndolo en una pierna. El mismo Bresci, durante el juicio por el regicidio, testificó que no estuvo allí durante la discusión
(Galzerano, pág. 106), mientras que en otro interrogatorio confirmó que había desarmado al barbero, mientras que Ciancabilla no habría estado allí (Galzerano, pág. 118). El diario «Gazzetta di Torino» del 2 de agosto de 1900 presentó el evento como nada menos que "un duelo de pistoleros al estilo americano". En la controversia ideológica entre los dos, Bresci estuvo más cerca de las posiciones individualistas de Ciancabilla, cuyo periódico "L'Aurora" aplaudirá al regicidio di Monza, mientras que Malatesta, en un artículo titulado "Cause ed effetti" se apartó del acto de Bresci, aunque identificando sus causas en la injusticia social.

Preparación del atentado
En febrero de 1900 Bresci anunció a Sophie su viaje en Italia, el 7 de mayo renunció a su trabajo en la fábrica y el 10 pidió a dos compañeros que le compraran un billete. Se embarcó el 17 de mayo 1900 en el piróscafo frances "La Gascogne" de la Compagnie Générale Transatlantique, viajando en tercera clase y aprovechando el 50% de descuento para los visitantes de la Exposición Universal de París. A finales de mayo, Bresci desembarcó en El Havre y luego fue a París, donde visitó la Exposición, más tarde hizo una etapa en Génova, y el 4 de junio llegó en Prato, donde el comisario de policía rechazó otorgarle una licencia de armas de fuego. Desde el 20 de junio hasta el 8 de julio estuvo en Castel San Pietro (provincia de Bolonia), donde vivían su hermana con su esposo, que también era compañero de trabajo de Bresci en el Fabbricone. En Castel San Pietro permanecía en la taberna Osteria della Palazzina, dirigida junto con su esposo, por la hermana de Stella Magri, esposa de su hermano Lorenzo. El 8 de julio fue a Bolonia para asistir a la inauguración del monumento a Garibaldi, luego regresó a Castel San Pietro, el 19 de julio y el 20 de julio estuvo en Bolonia, luego en Parma, Plasencia y el 27 de julio en Monza, donde Humberto permanecía desde el sábado de la semana anterior, 21 de julio.
Algunos estudiosos consideran que Bresci desarrolló la idea de atentar a la vida de Humberto cuando volvió en Italia, pero la tesis prevaleciente es que había abandonado los Estados Unidos especialmente para llevar a cabo "el torvo diseño del regicidio execrable", como puede leerse en la sentencia de encausamiento. El anarquista se ejercitaba en el Campo de tiro nacional de Galceti, en Prato, usando botellas como blanco, que lograba romper al pasar la bala de su cuello. Hay testimonios de cómo Bresci se enorgullecía de su puntería y de cómo con frecuencia daba de esta demostraciones prácticas.

El atentado
En la tarde del 29 de julio Bresci fue al campo de entrenamiento del clube gímnico"Forti e liberi", en Via Matteo da Campione, muy cercano a la Villa Reale, donde el rey tuvo que premiar a los atletas al final de una exhibición gimnástica. El anarquista a las 9:30 de la tarde vio al rey llegar en un carruaje Daumont tirado por dos pares de caballos. pero no intentó el ataque y solo identificó a Umberto, para evitar confundirlo más tarde con los otros pasajeros del carruaje. El anarquista estaba elegantemente vestido, con cuello recto, corbata negra, reloj de bolsillo con cadena y anillo en el dedo. Llevaba el revólver de cinco tiros Hamilton & Richardson, "Massachussets" de 1896, que había comprado en Paterson el 27 de febrero, en cada bala había hecho con unas tijeras varias incisiones, según le dijeron que el bandido estadounidense Jesse James solía hacer, para aumentar su peligrosidad, facilitando la penetración en caso de que el rey hubiera usado una armadura, y causando más fácilmente la infección de las heridas.
A las 10:30 de la tarde, después de la ceremonia de entrega de premios, el rey regresó al carruaje y estaba a punto de abandonar el campo de entrenamiento, dirigiéndose a la Villa Reale, a unos cientos de metros de distancia. Con Humberto estaban el teniente general Emilio Ponzio Vaglia, ministro de la Casa Real, y el teniente general Felice Avogadro di Quinto, primer ayudante de campo. En el mapa publicado por el diario socialista "Avanti!" se muestra el lugar del atentado, con la posición del carruaje marcada con una cruz. El rey estaba de pie dentro del carruaje abierto y a punto de sentarse, cuando Bresci disparó las cuatro balas, a unos pocos pasos de distancia.

Humberto fue alcanzado por el primer disparo en la parte posterior del cuello, luego se dio vuelta instintivamente y fue alcanzado por dos balas más en el pecho, en la región cardíaca, mientras que la cuarta bala fue encontrada, sin rastros de sangre, en el fondo del carruaje, y por lo tanto no alcanzó el objetivo. Humberto se desplomó en el carruaje y ordenó al cochero: "¡Adelante!, ¡Adelante!" y, cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió: "No creo que sea nada". Fue llevado a la Villa y acostado en su propia cama, donde, quince minutos después del ataque, falleció.
Los tres de cada cuatro balas que alcanzaron el objetivo atestiguan la buena puntería de Bresci, mientras que la quinta bala en el revólver no fue disparada y se encontró en el tambor, junto con los cuatro casquillos de las balas que se dispararon.
El artista Flavio Costantini
(1926-2013) representó el regicidio en muchas obras (1 , 2 y 3).

¿Por qué el atentado?
El móvil del atentado fue la venganza por las diversas matanzas de trabajadores, mandadas para reprimir levantamientos de protesta, como los de Conselice (provincia de Ravena) en 1890, de Sicilia y de Lunigiana en 1894 y de Milan en 1898, cuando el ejército disparó contra la muchedumbre que manifestaba, asesinando las personas a cientos (el número exacto nunca fue comprobado). Las protestas de Milan derivaban del tristemente célebre "impuesto sobre la molienda" que causó el grande alza del precio del pan y de la harina; de esto derivó el atraco a los hornos y la durísima represión, desarrollada aun con el empleo de cañones. Aun la matanza de 9.000 soldados italianos en la catastrófica guerra ítalo-etíope de 1896 puso las bases para el regicidio.
El anarquista Amilcare Cipriani escribió en el opúsculo "Bresci e Savoia" de septiembre 1900: "de la inmensa multitud de víctimas de la miseria y de los masacres de Lunigiana, Sicilia y Lombardía, surgió un vengador, Bresci"
(Galzerano, 2001, pág.41). Es evidente que el aliciente dado por la burguesía de Milán a las tropas represoras, con el eslogan: "Tirez fort, visez juste" ("disparen con fuerza, apunten con precisión") había sido recogido por Gaetano Bresci, quien declaró en el juicio: "después del estado de sitio de Sicilia y Milan, establecido ilegalmente por decreto real, decidí matar al rey para vengar a las pálidas víctimas".
El mismo Humberto I, a quien muchos atribuyen la responsabilidad política de la masacre, había condecorado con la Cruz de Gran Oficial de la Orden Militar de Saboya y había nombrado senador del Reino el general piamontés Fiorenzo Bava Beccaris, que mandó la matanza, felicitándolo para defender la civilización. Durante el juicio Bresci evocó como causa del regicidio las masacres cometidas y el hecho de haber visto: "a los autores de las masacres de mayo siendo recompensados en lugar de ahorcarlos". El anarquista Armando Borghirecuerda cómo después de 1898 en los círculos revolucionarios, la matanza de Humberto I fuera considerada "un primer paso útil hacia una revolución republicana"
.
El de Bresci no fue el premier atentado a la vida de Humberto I: anteriormente habían intentado en vano acuchillar el rey Giovanni Passannante, de Salvia di Lucania (provincia de Potenza), el 17 de noviembre de 1878 en Nápoles y Pietro Acciarito de Artena (provincia de Roma), el 22 de abril de 1897 cerca del Hypódromo romano de Capannelle. Por Acciarito el desencadenante del ataque fue la indignación por el hecho de que el rey había ofrecido un premio de 24 mil liras al caballo ganador, mientras que muchos italianos, incluido Acciarito, se encontraban en una situación financiera grave (Centini).
Giuseppe Ciancabilla en "l'Aurora" de Paterson había escrito: "¡Los errores cometidos por Passannante y Acciarito nos enseñaron que hoy en día, una pistola de repetición es más fiable que una puñal!", mientras que el mismo Humberto I, después de los dos ataques con cuchillos, había previsto que estaría condenado cuando los atacantes habrían dejado el puñal a un lado y habrían decidido agarrar la pistola
(Felisatti).

Humberto
Humberto, que había ascendido al trono el 9 de enero de 1878, era conocido, de acuerdo con la iconografía que le era favorable, como "el rey bueno", pero las masacres que ordenó o respaldó le valieron el nombre popular de "rey metralla".
Según el patriota y ministro Silvio Spaventa, el rey Humberto "lamentablemente es ignorante: es decir, que no tiene la cultura necesaria y adecuada para su tiempo y grado". El mismo Humberto le decía a su hijo: "recuerda que por un rey es suficiente que sepa trazar su propia firma, leer el diario y montar a caballo"
(Galzerano, 2001, pág. 147).
Francesco Crispi definía a Humberto “un imbécil que se deja guiar por falsos escrúpulos de constitucionalismo”, el alcalde de Roma Alessandro Guiccioli lo acusó de falta de voluntad y de falta de la “clara intuición de la alta y muy noble misión que le tocaría”, mientras que el presidente del Senado Domenico Farini lo juzgaba poco franco, voluble, y que a menudo no sabía nada, ni siquiera leía los diarios. Una vez que había ido a hablar con él sobre una grave crisis gubernamental, se dio cuenta de que Humberto se había quedado dormido. Además, no pensaba en nada más que en la caza o en las mujeres, haciéndose vulnerable a mil chismes
(Felisatti).
Umberto era conocido por su desenfrenada actividad sexual, además de su esposa tenía una amante oficial, la duquesa Litta, con nombre de soltera Eugenia Attendolo Bolognini, que también era amante de su hijo Victor Manuel y de Napoleón III. También frecuentaba a Rosa Vercellana "la bela Rosin" ("la linda Rosita"), amante oficial de su padre. Humberto necesitaba un cambio continuo de mujeres, elegidas de fotografías, recibidas en el palacio y despedidas con un sobre que contenía dinero, lo que recuerda a gobernantes italianos más recientes, así como la pasión por las chicas menores de edad, por ejemplo Cesarina Galdi, de catorce años, la hija de un conde, que había dejado embarazada, como ella misma declaró después del regicidio
(Galzerano, 2001, pág. 147-155).

Después del atentado
Bresci se dejó apresar inmediatamente después el regicidio, sin oponer resistencia, y declaró: "Yo no he matado a Humberto. Yo he matado al rey. He matado a un principio". Por lo menos ocho personasse contendieron por el "mérito" de haber parado Bresci; inmediatamente después, algunos de los transeúntes intentaron el linchamiento, del cual lo quitaron los carabineros. El anarquista siempre mostró un comportamiento tranquilo, y tres días después del atentado, un periódico informó: "siempre come cínicamente" (Galzerano, 2001). Justo después del ataque, las autoridades establecieron una especie de cordón sanitario alrededor de Monza y las noticias sobre el regicidio se difundieron con dificultad. Los primeros reportajes periodísticos referían que el regicida era cierto Angelo Bressi, luego se corrigieron y proporcionaron más detalles.
El criminólogo Cesare Lombroso
(1835-1909), cercano a las ideas socialistas, en un texto de 1894 había definido a Passannante y Acciarito como desequilibrados y degenerados, mientras que clasificó a Bresci como "criminaloide", con inteligencia mediocre, que había sufrido el empobrecimiento de su familia de origen, empujado al crimen por el fanatismo, si bien no formaba parte de una conspiración, incompatible con la indisciplina y el amorfismo que Lombroso atribuía a los anarquistas (Galzerano, 2001, pág 838). Además, Lombroso, hablando de Bresci, afirmó que no había signos de patología o rasgos criminales (según la pseudociencia de la época), sosteniendo que para el regicidio “la causa urgente reside en las condiciones políticas muy difíciles de nuestro país” indicando "la máxima culpa de las clases dominantes [que es] no curar los males que nos dañan, sino atacar inexorablemente a los que los revelan. Un remedio extraño. de verdad, que sería suficiente por sí solo para mostrar cuán bajo hemos caído (Zucca).
Lev Tol'stoj así comentó el regicidio: "Éstos siempre se ven en uniforme militar con al lado el instrumento del asesinato, el sable. El asesinato es por ellos una profesión, pero es bastante que uno de ellos sea asesinado, y les oiréis recriminarse y indignarse".
El diario socialista frances "L'Aurore", el mismo que el 13 de enero de 1898 había acogido el "J'accuse" de Émile Zola, que había reabierto el caso Dreyfus, publicó el 1
er de agosto un suelto de Albert Goullé que terminaba así "Cuando un jefe de estado manda la muerte de veinte, cincuenta, cien hombres del pueblo, son los asesinados que son criminales. Cuando un hombre del pueblo se hace vengador de los asesinados, es él el abominable asesino".
Giuseppe Galzerano en su completísima obra sobre Gaetano Bresci
(2001), refiere una revisión de los comentarios publicados en varios países, después del atentado, y muestra que varios italianos que llevaron a cabo atentados contra jefes de estado fueron considerados como héroes, como Felice Orsini que había llevado a cabo un ataque contra Napoleón III, emperador de Francia, Guglielmo Oberdan, que había intentado asesinar al emperador de Austria-Hungría Francisco José I, Agesilao Milano, que intentó asesinar al rey de las Dos Sicilias Fernando II, Antonio Carra, que había matado por apuñalamiento al Duque Carlos III de Parma. Amilcare Cipriani, en el opúsculo arriba citado, comentaba: "No entiendo la razón por la cual el mismo acto, según la persona que lo comete, o a quien está dirigido, se considera un acto de heroísmo o un asesinato" (citado por Galzerano, 2001, pág. 52).

Entre las autoridades que presentaron sus condolencias por la muerte de Umberto se encontraba el presidente de los Estados Unidos William McKinley, quien aproximadamente un año después, el 14 de septiembre de 1901, falleció en consecuencia de los disparos que le había disparado ocho días antes el anarquista estadounidense de origen polaco Leon Czolgosz, inspirado por el gesto de Gaetano Bresci, y de hecho un recorte de diario sobre el atentado de Monza fue encontrado encima de él.
Bresci fue llevado a la cárcel de Monza, donde fue interrogado y torturado, según informaron los anarquistas, pero también el parlamentario socialista Filippo Turati, en "Critica sociale", y como se puede intuir de varios detalles, como las manchas de sangre que quedaron el carruaje que lo trasladó de Monza a Milán y el hecho de que se movía cojeando. Durante el juicio, uno de los periodistas que asistieron escribió: "Todavía lleva en su cara las marcas de las palizas"
(Petacco). El anarquista siempre mantuvo un comportamiento sereno, aparte de las protestas por la obligación de usar una camisa de fuerza, motivado por la necesidad de evitar que se suicidara, lo que aparece como una construcción anticipada de una coartada, destinada para la farsa del suicidio de Santo Stefano.

La "conspiración"
Durante los interrogatorios, los carabineros intentaron obligar a Bresci a confesar que tenía cómplices, lo que el anarquista nunca admitió, explicando en cambio a sus carceleros las razones de su acto. Bresci dio respuestas de una "sutileza incomparable", irritando al Coronel de los Carabinieros por "la forma desafortunadamente convincente con que se expresaba" (Galzerano).
Después del atentado, circularon en la prensa mundial noticias y testimonios inverosímiles sobre la presencia de Bresci en los meses antes, en los países más variados, de Budapest a Barcelona, de Bratislava a Ginebra, de Londres a Bruselas, de Viena a Fiume y nada menos que a Buenos Aires.
El famoso detective italoamericano Joe Petrosino también había investigado en los círculos libertarios de Paterson para descubrir cómplices e instigadores del atentado de Monza, concluyendo que el regicidio era el resultado de una conspiración tramado por un grupo de anarquistas de Paterson afiliados a la "Mano Negra" (que en ese época todavía tenía implicaciones libertarias) y que Bresci había sido designado por sorteo con los números de la rifa
(Toscano). Durante la investigación sobre el asesinato de McKinley, Petrosino interrogó y maltrató a Sophie Knieland, la compañera de Bresci (Toscano).
Durante las investigaciones, en Italia y en los Estados Unidos, brotó una plétora de personas que atestiguaron, después del ataque, haber sido informadas de antemano por numerosos y heterogéneos cómplices de Bresci, que a menudo demostraron ser nada menos inexistentes en los registros públicos. El diario socialista
"Avanti!" del 26 de agosto de 1900 comentó: "Los cómplices del regicidio son ahora más numerosos que los soldados de Jerjes: rojos y negros, amarillos y azul, han preparado el crimen" (Galzerano, 2001, pág. 341).
Los altos niveles de la Seguridad del Estado, y en particular el Ministro del Interior Giovanni Giolitti, siguieron con gran convicción la pista de una conspiración dirigida por la ex reina de las Dos Sicilias, María Sofía de Baviera, en ese momento. en el exilio en Villa Hamilton en Neuilly-sur-Seine, cerca de París, cuyo salón, además de aristócratas e intelectuales, hospedaba a anarquistas y revolucionarios socialistas y republicanos, vistos favorablemente como anti-Saboya. Por estos conocidos, María Sofía era apodada "la reina de los anarquistas", a pesar de ser la hermana de Isabel de Baviera, llamada "Sissi", emperatriz de Austria que fue asesinada en Ginebra en 1898 a la edad de 61 años por el anarquista italiano Luigi Lucheni. Además de sospechar que María Sofía había financiado y protegido a Bresci y otros presuntos conspiradores, los servicios secretos italianos, infiltrados entre los anarquistas italianos en el exilio, estaban convencidos de que había un plan para liberar a Gaetano Bresci de la cárcel, y más tarde de la penitenciaría.
Otro juicio por el asesinato de Umberto, dedicado a los supuestos cómplices de Bresci, a pesar de la gran cantidad de personas investigadas, incluso de manera brutal, no llegó más allá de la etapa de investigación, por la absoluta inconsistencia de las pruebas recopiladas.
Años más tarde, Pietro Acciarito, el fracasado regicida de 1897, cuando le preguntaron si Bresci había sido instigado por alguien, respondió: "Cualquiera sociedad que sea no puede tomar a un hombre y decirle que mate. Digo que Bresci actuó solo, si alguna vez tuvo un estímulo, esto fue por parte de la miseria"
(Galzerano, 2001, pág. 345).
Durante muchos años, sin embargo, el anarquista Luigi Granotti, de Sagliano Micca (provincia de Biella), conocido como "il biondino" (es decir «el rubio», a pesar de no serlo) fue allanado como cómplice de Bresci. Granotti había venido a Italia desde Paterson dos semanas después de Bresci, y estaba con él en Monza en los días del regicidio, huyendo de Italia unos días después, cruzando los Alpes a Gressoney y pasando por Suiza. A pesar de la condena sin comparecencia a cadena perpetua recibida el 25 de noviembre de 1901, no es en absoluto seguro que Granotti haya participado en el regicidio o que estuviera al corriente de eso de antemano. Luigi Granotti fue allanado durante décadas, con numerosos falsos avistamientos en todo el mundo, desde Shanghai a Buenos Aires, desde Londres a San Francisco, desde Chicago a Singapur, y en todo caso nunca regresó a Italia y falleció en Nueva York en 1949 (enlace).

La reacción
El regicidio desencadenó la respuesta de los sectores más reaccionarios del país. La ciudad de Prato, lugar de nacimiento de Bresci y Monza, el inculpable escenario del regicidio, fue golpeada por una especie de damnatio memoriae, tanto que la Villa Real de Monza, lugar habitual de los veraneos reales, fue prácticamente abandonada. En el campo de entrenamiento de la sociedad deportiva "Forti e liberi", en el punto exacto del regicidio, se construyó una capilla conmemorativa en forma de estela, llamada "Cappella reale espiatoria" (es decir «Capilla real expiatoria»), inaugurada en 1910.
La venganza contra Bresci por parte de los reaccionarios y del poder también involucró a su familia: su hermano Lorenzo, zapatero, fue perseguido y encarcelado hasta que se quitó la vida tres años después. El otro hermano, Angiolino, que había elegido la carrera militar y era teniente de artillería, se vio obligado a cambiar de apellido, adquiriendo el de su madre, para no perder su trabajo. Muchos otros italianos llamados Bresci prefirieron cambiar el apellido para evitar represalias y agresiones. Su cuñado, Augusto Mannocci, obrero del Fabbricone, el organizador sindical, Giulio Braga, junto con otros anarquistas de Prato, entre ellos Luigi y Carlo Masselli, también fueron arrestados cuando los sorprendieron al arrancar las insignias del luto nacional.
El diario de Milán "Il Corriere della Sera" del 9 de agosto de 1900, en una correspondencia de París, culpó nada menos a la educación primaria como factor de incitación al regicidio, ya que permitía a los obreros leer, y entonces consultar a los periódicos subversivos. La prueba habría sido el fracasado atentado al Sha de Persia Muzaffar al Dîn en París, il 1
er de agosto, tres días después del regicidio de Monza, cuyo perpetrador, el anarquista François Salson, habría sido instigado por leer sobre el hecho de Bresci (Galzerano, 2001, pág. 217). El filósofo liberal Benedetto Croce (1866-1952) mencionó Bresci como "un anarquista que vino de América" sin ni siquiera mencionar su nombre (Petacco).
Los reaccionarios también atacaron a los republicanos y socialistas y sus secciones, mientras que las fuerzas del orden no solo no defendían a las personas agredidas, sino que, en cambio, las arrestaban y las pegaban a su vez.
Durante más de un año se llevaron a cabo cientos de juicios por apología del delito, por hechos que fueron totalmente insignificantes, si no ridículos, pero que a menudo terminaban con condenas para los acusados, dando además la sensación de que el pueblo italiano en su conjunto estaba muy lejos de desaprobar al regicidio y, en cambio, Bresci disfrutaba de una gran simpatía y solidaridad, especialmente entre las clases menos ricas.
La Iglesia católica se distinguió por una frialdad extrema hacia el luto de la familia real y de Italia, con quien no había relaciones diplomáticas después de la conquista de Roma, con la brecha de Puerta Pía del 20 de septiembre de 1870. El Papa León XIII, que ya tenía noventa años, se negó a permitir ritos religiosos en memoria de Humberto, el diario del Vaticano, L'Osservatore Romano, explicó de manera lacónica y muy fría la actitud hostil de la Iglesia Católica hacia la Casa de Saboya. Además, varios sacerdotes fueron condenados por apología del regicidio.

El juicio
El juicio fue instruido en sólo un mes, el 17 de agosto la Fiscalía de Sección emitió el veredicto de encausamiento. Por decisión del presidente Luigi Gatti, la vista duró solo un día, entre las 9 y las 18 del 29 de agosto de 1900 en la Audiencia Nacional en Milan, en el palacio del Capitán de Justicia, en Piazza Beccaria, fuertemente custodiado por las tropas. El tribunal rechazó la solicitud de la defensa de posponer el juicio hasta tiempos más serenos. Bresci pidió ser defendido por Filippo Turati, quien, después de una conversación con él el 20 de agosto, al día siguiente le informó de su negativa, incluso porque no ejercía la abogacía desde diez años. Describió Turati al prisionero como agradable, sin rasgos anormales, pero "una figura fría y concentrada, casi glacial, tanto como para hacer impenetrable su pensamiento", pero a quien le importaba no parecer un criminal común. El líder socialista, sin embargo, lo juzgó con inteligencia muy limitada (Galzerano, 2001, pág. 235).
Las ideas de Turati sobre el regicidio de Monza se expresan claramente en un artículo que se le atribuye, "La successione", publicado en "Critica Sociale" del 1
er de agosto de 1900: "uno de esos desequilibrados, que en toda época desahogaron su irritación impulsiva, y que en los tiempos modernos - por causa de una secuela que se va atenuando cada vez más, de la psicología generada por las revoluciones burguesas - a veces todavía se ilusionan de que podrían modificar algo esencial en el mecanismo politico, matando a quienes encarnan su parte más superficial y decorativa" (Galzerano, 2001, pág. 445).
Turati le recomendó a Bresci que confiara su defensa al abogado de Nápoles Francesco Saverio Merlino, que había sido anarquista de joven, anteriormente agitador político en los Estados Unidos, también en Paterson, y que en la época del juicio simpatizaba por los socialistas revolucionarios, incluso sin practicar actividad política. Fue nombrado Merlino el día anterior al juicio y solicitó en vano un aplazamiento para estudiar la enorme cantidad de documentos, y para convocar unos testigos de la defensa residentes en los Estados Unidos, también para determinar la posible existencia de una conspiración nacida en Paterson de la cual Bresci hubiera sido el ejecutor material. Merlino estaba flanqueado por el abogado Mario Martelli, presidente del Colegio de Abogados de Milán, que al principio había sido nombrado abogado de oficio.
Los cronistas de los diarios burgueses se desencadenaron con descripciones negativas de Bresci, definiéndolo: "antipático", "desgraciado", "abatido y transido", "nervioso y asimétrico", "repulsivo", "víbora", "bestia salvaje", "degenerado","reptil","abyecto" y "pervertido". Físicamente, era "bastante feo", según otros "muy feo", dotado de "ojos hundidos", " mirada de reojo", "expresión siniestra", "nariz grande", "mentón corto y sobresaliente" (?!), y nada menos "uñas largas". Además aparecía "huesudo pero no poderoso", "flaco", con "rasgos faciales muy marcados", caracterizado por "profunda palidez del rostro", "voz muy débil y temblorosa", "falto de toda energía física y mental", por no callar el hecho que "muestra ferocidad y genera repugnancia", y que "el asco que suscita se convierte en náuseas"
(Galzerano, 2001, pág. 270-275). El diario Il Correre della Sera del 31 de agosto de 1900 nada menos agredió la hija de Bresci, Maddalena, "espigada y enfermiza, y que a los dieciocho meses todavía no le habían salido los dientes incisivos" (Galzerano, 2001, pág. 322).

También durante el juicio, el Ministerio Fiscal, en la persona del fiscal general suplente del Tribunal de Apelaciones de Milan Nicola Ricciuti, trató acreditar la tesis de una conspiración anarquista para matar a Humberto, lo que a su juicio fuera probado por el hecho que el acusado vino de Paterson, sede de una numerosa colonia anarquista. Sin embargo Bresci siempre sostuvo que actuó solo y de su iniciativa.
El abogado Merlino llegó de Roma sin poder dormir porque tuvo que estudiar en el tren los documentos que estaban disponibles, y fue seguido por policías de paisano. Durante la audiencia, fue interrumpido varias veces por el presidente del tribunal, por el fiscal y por el público, que según el diario "Il Mattino" de Nápoles era hecho de "periodistas, maderos de paisano y carabinieros", y trató de hacer reflexionar todos sobre el hecho de que la violencia de los individuos era alimentada más bien que sofocada por la violencia y la represión del estado, y sobre la utilidad de hacer justicia, más bien que venganza, para no generar más actos de rebelión violenta, como el regicidio.
El abogado Martelli en su breve arenga defensiva argumentó que Bresci, aunque no estuviera loco, estaba obsesionado con la identificación incorrecta del rey con el estado, y él también pidió que se hiciera justicia y no venganza.
Bresci fue condenado por el delito de regicidio "a la cadena perpetua, con los primeros siete años en segregación continua en celda, a la interdicción penal perpetua, al entredicho legal, a la pérdida de la capacidad de hacer testamento, considerando como nulo el testamento que por casualidad hubiera sido hecho por él antes de la condena" (la pena capital había sido abolida en Italia en 1889 por el código penal Zanardelli).
El artículo 117 del mismo código establecía: "Toda persona que cometa una acción dirigida contra la vida, la integridad o la libertad de la persona sagrada del Rey es castigada con cadena perpetua", mientras que el artículo 12 del mismo Código establecía que "la cadena perpetua es a perpetuidad. Se cumple en un establecimiento especial, donde el presidiario permanece durante los primeros siete años en confinamiento celular continuo, con la obligación de trabajar". Parece que su compañera Sophie, cuando recibió la noticia de la condena, envió una petición a la reina madre, incluso si esta circunstancia fue negada por los ambientes anarquistas de Paterson.
Bresci se negó a interponer apelación contra la sentencia ante el Tribunal de Apelación; fue visitado en la cárcel por el abogado Caberlotto, un colaborador del abogado Martelli, y declaró que solo interponía apelación a la próxima revolución. La sentencia de condena se publicó el 8 de septiembre en las esquinas de Milán.

Santo Stefano
Los procedimientos de detención y transferencia de Bresci siempre se mantuvieron secretos por temor que sus camaradas anarquistas trataran de liberarlo. El presidiario fue encerrado en aislamiento en un primer momento en la cárcel de San Vittore en Milán, luego fue embarcado en La Spezia el 30 de noviembre de 1900 y a las doce de la mañana del 23 de enero de 1901 fue tomado a su cargo por el registro de la penitenciaría de la isla de Santo Stefano, en el archipiélago de las Islas Pontinas (véase mi página web), después de ser desembarcado por el buque aviso con ruedas de paletas "Messaggero" de la Marina militar del Reino de Italia.
Las dos fechas de llegada y salida son incongruentes con la distancia relativamente corta entre La Spezia y Santo Stefano, y esto podría explicarse por una detención intermedia, mencionada en aquel momento por los periódicos, en la penitenciaría de Portoferraio, en la isla de Elba. Bresci fue detenido en una de las veinte celdas de la sección de aislamiento llamada "La Rissa", a tres metros bajo el nivel del mar, donde Bresci, bajo una ventana, habría escrito la frase: "la tumba de los enterrados vivos". El tiempo transcurrido en Portoferraio habría sido el lapso necesario para equipar la celda asignada a Bresci en Santo Stefano
(Zucca), pero según Petacco la transferencia se debió a la solidaridad de los otros prisioneros hacia Bresci, también por la detención continua en cadenas, que ya no estaba permitida por la ley.
Según un informe publicado por el diario de Nápoles "Il Mattino", escrito por el Caballero G. Di Properzio, que visitó Santo Stefano dos días después de la muerte oficial de Bresci, el preso disfrazado partió de Milán con un tren directo para llegar a La Spezia, la tarde del 21 de enero de 1901, escoltado por el Director General de Prisiones Alessandro Doria y por cinco carabineros. Desde la estación de La Spezia, siempre disfrazado y completamente afeitado y rasurado, lo habrían llevado con un carruaje de alquiler al arsenal, donde habría abordado el "Messaggero" hacia Santo Stefano, llegando casi dos días después.
Durante el traslado por mar a Santo Stefano, la tripulación tenía la orden de no hablar con Bresci, pero parece que un marinero, Salvatore Crucullà, durante el transbordo en bote desde el "Messaggero" a la isla, preguntó al anarquista por qué había matado el rey. Bresci habría respondido: "Lo hice también por ti", provocando las risas de la tripulación, que no entendió el significado de la frase.
En Santo Stefano se edificó una celda especial para Bresci: la Dirección General de las Cárceles envió el proyecto al Caballero Cecinelli, director de la carcel: era del todo idéntica a la que Alfred Dreyfus ocupaba en la Isla del Diablo desde 1895, y que todavía siguió ocupando hasta 1906. En la misma celda de Bresci en precedencia había sido sepultado vivo Pietro Acciarito, el autor del fracasado atentado de Humberto I en 1897, antes de ser llevado en 1904 en el manicomio criminal de Montelupo Fiorentino, donde terminó sus días en 1943.
Ligeramente más pequeña de las ordinarias, la celda número 237 era de 3 x 3 metros, los únicos adornos consistían en una cama de madera con colchón de crines (que se levantaban durante el día y se tenía que atarlos a la pared con gruesas correas de cuero), un taburete fijado al pavimento, una jofaina de madera, y el tradicional orinal. La celda estaba separada de las otras y se hallaba al extremo de un pasillo construido entre las oficinas y los depósitos; La terraza para la recreación estaba también aislada, de modo que el preso se encontraba separado de los otros prisioneros aun en ese momento de atenuación de la reclusión. La terraza era el único punto en el cual los otros presos podían teóricamente ver a Bresci, pero su recreación coincidía con un momento durante el cual los compañeros de detención se encontraban cerrados: hasta que ellos comprendieron que Bresci se había muerto apenas porque su prohibición diaria a salir durante esa hora se terminó
(Mariani). En la terraza habían también dos garitas para las dos centinelas que lo controlaban en cada momento.
El 18 de mayo, el inspector Alessandro Doria llegó a Santo Stefano, visitó la prisión y ordenó al director que quitara al prisionero el uso de un taburete bajo, ya que podía sentarse en el suelo y respaldarse en la cama, que le prohibiera guardar un pañuelo y llevar camisetas de algodón, además de comprar pastillas de jabón. También se le prohibió escribir o recibir cartas de su pareja Sophie
(Galzerano, 2001, pág. 799).
Bresci tenía los pies encadenados y vestía el uniforme con cuello negro, que distinguía a los condenados por los delitos más graves, mientras que los otros prisioneros lo tenían amarillo. Su comida diaria consistía en una sopa sin carne y una hogaza. Además, podía comprar comestibles en la tienda de la cárcel, pero rara vez lo hacía: de las sesenta liras depositadas en la administración (enviadas desde Estados Unidos por su esposa) gastó menos de diez
(Centini).
También en Santo Stefano Bresci mostró un comportamiento tranquilo y aceptó la visita del capellán de la prisión, el padre Antonio Fasulo, pero solo para obtener algunos libros. Recibió una copia de la Biblia, y una de las "Vidas de los padres", que no apreció, y por lo tanto también pidió el vocabulario francés-italiano Cormon y Manni, que se encontró abierto y arrugado en su celda en el momento del hallazgo oficial de su cuerpo. Bresci también tenía a su disposición el boletín mensual de la "Rivista di disciplina carceraria", concebido para la educación de los presos, conteniendo cuentos edificantes, morales y patrióticos, el cuarto y último libro disponible en la pequeña biblioteca de la penitenciaría
(Zucca).

La muerte
La oficina de matrícula de la Real Penitenciaría de Santo Stefano anotó la muerte del prisionero "Gaetano Bresci hijo del finado Gaspero, condenado a la cadena perpetua por el asesinato en Monza del rey de Italia". Gaetano Bresci tenía 32 años.
Afirmó el carcelero Antonio Barbieri que había encontrado muerto a Gaetano Bresci a las 15,00 de miércoles 22 mayo 1901, después de diez meses de encarcelamiento. A las 14:45 Barbieri había visto Bresci vivo, leyendo cerca de la ventana de la celda. Según la versión oficial, Bresci se habría estrangulado con una toalla, o con un pañuelo (según dos versiones, ambas oficiales), colgándose a la reja de la ventana, y escapando a la vigilancia continua desde la mirilla, mientras que el vigilante a las 2:50 de la tarde se había ausentado pocos minutos para hacer sus necesidades, y sin hacer ningún ruido, a pesar de tener los pies cerrados por una larga cadena, fijada a una pared de la celda, que tintineaba con el mínimo movimiento del prisionero.. Los dos carceleros Barbieri y De Maria fueron suspendidos del servicio.
El segundo carcelero, Giovanni De Maria, según la versión oficial, estaba durmiendo, y corrió a la llamada de Barbieri, junto con el preso Leonardo Tamorria, un herrero de Partinico (provincia de Palermo), que tenía libertad para moverse dentro de la prisión, ya que se encargaba de los servicios generales. Del registro de la prisión se ve que la última inspección se llevó a cabo a las 9:30 y la última revisión de los barrotes a la 1:10 de la tarde.
Según la Rivista Anarchica se cambió la primera versión oficial, que hacía referencia a una toalla, cuando se supo que a los presos no se les permitía tener toallas en la celda, así que cambiaron a un pañuelo, que de todos modos tenía que ser lo suficientemente grande como para colgarse. Otras versiones se refieren a un mantel (nadie sabe de dónde podría venir, ya que Bresci tampoco tenía una mesa en su celda), a una corbata (no está claro cómo un prisionero podría tener ese tipo de prenda de vestir), empalmada a la toalla o el cuello o bien a los pantalones del uniforme de la prisión cortados en tiras y anudados para hacer una cuerda. No parece que se hayan encontrado estos objetos en la celda, al contrario, el doctor de la prisión Francesco Russolillo, en el primer examen del cadáver, notó que llevaba el uniforme con rayas blancas y avellana, y los pantalones estaban intactos. Por lo tanto, hay un fuerte y fundado sospecho de que Bresci haya sido asesinado, tal vez en una fecha anterior a la declarada oficialmente.
Gaetano Bresci, como de costumbre, había puesto aparte para la cena una porción de su ración diaria de alimentos que recibía por la mañana, una sopa sin carne con verduras y pasta, y un poco de pan gris, que no hace pensar a una persona en el punto de suicidarse.
El médico de la prisión, Francesco Russolillo, que informó haber visto el cadáver de Bresci inmediatamente después de que fue encontrado, aún con la "cuerda" alrededor de su cuello, cuenta el marco típico de la muerte por estrangulación. El anarquista Amilcare Cipriani, en el pasado detenido durante ocho años en la penitenciaría, consideró la hipótesis del suicidio completamente imposible, tanto por la vigilancia continua como porque ningún prisionero podía tener pañuelos, toallas o cualquier otra pieza de tela adecuada para hacer una cuerda, además faltando un soporte al que pueda engancharse.
Algunas coincidencias, si fueran confirmadas, podrían reforzar la tesis de un asesinato de estado: el Director General de Prisiones Doria fue promovido dos meses después de la muerte de Bresci y se habría beneficiado de una duplicación de sus ingresos (pasando de 4.500 a 9.500 liras por año). El preso anarquista Ezio Taddei, refirió el relato de un viejo penado, según el cual Bresci habría sido estrangulado por un prisionero, el jefe-grumete Sanna, que dos días después de la muerte de Bresci, fue trasladado a Procida y luego liberado por la concesión del indulto del soberano, tal vez como recompensa por el asesinato
(Galzerano, 2001, pág. 855).
El ex presidente de la República Italiana Sandro Pertini en una intervención del 19 noviembre 1947 a la Asamblea Constituyente dijo: " ... hablo por experiencia personal (...) . En la cárcel, honorable Ministro, se hace esto: se pega un preso; por los palos el preso se muere, y entonces todos se preocupan, y no se preocupan sólo los carceleros que pegaron al preso, sino también el director, el médico, el capellán y todos los que forman parte del personal de la cárcel. Y entonces hacen esto: desnudan al preso, lo colgan a la reja y lo dejan descubrir así colgado. Entonces llega el doctor y hace el parte médico de muerte por suicidio. Esta fue la muerte de Bresci. Bresci fue golpeado a muerte, entonces colgaron su cadáver a la reja de su celda de Santo Stefano, donde yo me quedé un año y medio".
Ugoberto Alfassio Grimaldi, citando testimonios de presos políticos, escribe de Bresci: "... ese 22 de mayo los tres guardias le hicieron el " Santantonio ": o sea cubrir a alguien con mantas y sábanas y después apalearlo a muerte; su cadáver había sido enterrado, en un lugar quedado sin huella en los archivos de Santo Stefano, por dos penados enviados adrede allí de otra cárcel, y después enviados inmediatamente atrás; el comandante de la penitenciaría había sido promovido y los tres presos habían sido recompensados".
De los documentos privados del ex Primer Ministro Francesco Crispi, parece que ya el 18 de mayo, cuatro días antes de la fecha "oficial" de la muerte, un representante del gobierno, el mencionado inspector Alessandro Doria, estaba en Santo Stefano. Para esta visita, el director de la prisión le preguntó al ministerio si debía permitir que Doria viera a Bresci. Además, el 24 de mayo, dos días después de la muerte "oficial", los médicos que realizaron el examen post mortem encontraron el cuerpo en una estado avanzado de descomposición. Según el testimonio de un ex carcelero, Bresci fue asesinado no menos de quince días antes, el 7 de mayo, de modo que un periodista que presenció su entierro informó que el cuerpo tenía un fuerte olor a podredumbre
(Rivista Anarchica; Galzerano, 2001, pág. 843).
El cadáver de Bresci fue sometido a una autopsia realizada por nada menos que cuatro médicos forenses, incluido el profesor Corrado, titular de la cátedra de medicina forense de la Universidad de Nápoles. No queda rastro del detallado informe elaborado por los médicos
(Galzerano, 2001, pág. 818).
El diario anarquista italo-americano L'Aurora del 8 junio de 1901 (suplemento del número 34) imagina (¿o narra?) que el rey Victor Manuel III haya sido de incógnito a Santo Stefano para pedirle a Bresci que respondiera del asesinato de su padre Humberto, que la respuesta del anarquista haya sido desdeñosa, y que los carceleros hayan estrangulado Bresci en su propia celda
(Galzerano, 2001, pág. 845-848).
Gaetano Bresci compartió con otros presos el destino de ser asesinado por los que tenían que custodiarlos. Entre los otros Romeo Frezzi, matado en Roma en la cárcel de San Michele a Ripa en 1897 (mi página en construcción), el joven comunista calabrés Rocco Pugliese, matado como Bresci en Santo Stefano en 1930 (véase mi página sobre él) y el ferroviario anarquista Giuseppe Pinelli, lanzado por una ventana de la jefatura de policía de Milan el 16 diciembre de 1969, cien años y un mes después del nacimiento de Gaetano Bresci, y nunca olvidado.

Después del asesinato
En el registro de la carcel, que describía vida y muerte de cualquier prisionero, falta la página 515, correspondiente al número de matrícula de Bresci. Incluso en el Archivo Central del Estado, en Roma, no se puede encontrar nada que concierne a Gaetano Bresci. Según Arrigo Petacco (1929-2018), autor de una exitosa biografía de Bresci, también desapareció el contenido del expediente que, entre los "papeles secretos" del jefe de gobierno Giolitti, encerraba la documentación no oficial sobre la muerte de Bresci.
El cuerpo de Bresci fue sepultado el 26 mayo 1901 en el cementerio de Santo Stefano, y en la fosa fueron también echadas todas sus cosas. Según otras fuentes, en cambio, el cuerpo de Bresci fue echado en mar, como deseaba el diario de Nápoles "Il Mattino" en un suelto firmado "Vagus"
(Galzerano, 2001, pág. 837). El periodista y gastrónomo Luigi Veronelli (1926-2004) se comprometió en la búsqueda de la tumba de Bresci, y dibujó un mapa de las sepulturas del cementerio, a partir de indicios que encontró en ellas, incluidas las de los confinados de la era fascista, que, como las más antiguas, no llevaban indicaciones. En septiembre de 1964 Veronelli identificó una cruz llevando en una voluta: "Gaetano Bresci 22 mayo 1901" (ParmaDaily, Galzerano, 2001, pág. 821).
De la detención del anarquista solamente quedó una reliquia: su gorro de prisionero, que llevaba el número 515, y fuera guardado en el pequeño museo de la penitenciaría, junto al gorro de Pietro Acciarito, el autor del fracasado atentado a Humberto I en 1897. Los dos gorros quedaron destruidos durante una revuelta de presos que estalló en Santo Stefano en noviembre 1943.
En el museo de Criminología de Roma son entonces abrigados unos objetos confiscados a Bresci después de su paro: el revólver con el cual había matado al rey Humberto I, una cámara y reveladores fotográficos y dos maletas con objetos personales.

 

Memoria
El 29 de julio de cada año, a partir de 1901, los anarquistas conmemoraron el regicidio de Monza y la figura de Gaetano Bresci, números especiales de periódicos y folletos, producidos fuera de Italia, en zonas donde se asentaron las comunidades de emigrantes italianos, como Estados Unidos, Brasil, Argentina, Francia y Suiza. Las publicaciones, además de ser difundidas a nivel local, también fueron enviadas o introducidas ilegalmente en Italia, dirigidas a los anarquistas de la madre patria.
Muchos de los textos conmemorativos tenían en común un sentimiento de desaprobación hacia el pueblo italiano, que no había aprovechado la oportunidad del regicidio para rebelarse y derrocar a un régimen antipopular y liberticida.
El 27 de julio de 1947 la Federación anarquista lombarda organizó en el Cine Astra de Monza una manifestación de conmemoración de Gaetano Bresci, a la que tomó parte un millar de personas. Al final se descubrió una lápida, en "un desbordamiento de banderas anarquistas" a pocas decenas de metros de la "Capilla Expiatoria". El día siguiente la jefatura de policía de Milan removió y embargó la lápida (enlace).
El 29 julio 2004, en el 104o anual del regicidio, los anarquistas turineses cubrieron el monumento a Humberto I que surge en la colina de Superga en Turín, y pusieron una lápida en recuerdo de Gaetano Bresci.
En Carrara, corazón del anarquismo italiano, se erigió un monumento a Bresci, obra del escultor Sergio Signori. La obra, que quedó incompleta por la muerte del artista, surge en los jardines de Turigliano, de frente del cementerio, y ha sido realizada a comisión del artesano anarquista Ugo Mazzucchelli.
Varios actores y músicos conmemoraron sacrificio de Gaetano Bresci (véase los enlaces en la parte inferior de la página).
En la isla de Ventotene, el quebrantaolas que abriga el puerto nuevo está cubierto con murales, entre los cuales dos representan Gaetano Bresci, uno con la frase "Solo me apelo a la próxima revolución" pronunciada por el anarquista durante el juicio, y el otro está frente a la cercana isla de Santo Stefano.

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Terre Protette agencia de viaje y tour operator, Roma http://www.terreprotette.it/tp2/106
Parma Daily - 29 luglio 1900: Gaetano Bresci uccide Umberto I di Savoia - 29 julio 2017 http://www.parmadaily.it/308607/29-luglio-1900-gaetano-bresci-uccide-umberto-savoia/
Wikipedia, página sobre Gaetano Bresci http://es.wikipedia.org/wiki/Gaetano_Bresci

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Anarchist Archives http://dwardmac.pitzer.edu/Anarchist_Archives/goldman/
Traveleurope http://www.traveleurope.it/ventoten.htm

Libros sobre Gaetano Bresci:

Canciones y teatro sobre Gaetano Bresci:


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